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Sexo en el embarazo: más allá de los mitos

Pese a que el embarazo es una etapa vital compartida por muchas mujeres, cada embarazo es un mundo, y en el terreno sexual también puede existir mucha diversidad. En este artículo vamos a tratar algunos de los mitos más extendidos sobre el sexo durante el embarazo y responderemos a algunas de las preguntas más habituales con las que nos encontramos en nuestra consulta psicológica respecto a las relaciones sexuales en el embarazo.

¿Se puede tener relaciones estando embarazada?

En principio el embarazo no es algo que condicione las relaciones sexuales, por dos motivos:

  • Salvo que haya una condición médica que lo desaconseje, las relaciones sexuales durante el embarazo pueden ser las mismas que antes de este período. Éstas se pueden ver más condicionadas por otros factores, como el deseo sexual que tengan los miembros de la pareja, o las limitaciones físicas propias de cada etapa, que porque las relaciones en sí sean algo que perjudique al feto o a la madre.
  • Cuando hablamos de relaciones sexuales no sólo hablamos de coito, sino, de todo tipo de prácticas que van más allá de la penetración: caricias, besos, abrazos, masajes, masturbación, sexo oral… Por lo que, aunque alguna de estas prácticas pudiese estar médicamente contraindicada, seguro que habría otras que se podrían seguir practicando.

¿Cómo afecta el embarazo al deseo sexual femenino? ¿Hasta cuándo se puede tener relaciones estando embarazada?

Vamos a empezar por ver qué ocurre en las distintas etapas, lo que nos permitirá entender mejor las relaciones sexuales en el embarazo:

El embarazo se divide en tres periodos o trimestres, el primero de la semana 1 a la semana 14, el segundo de la semana 15 a la 28, y el último de la semana 29 a la 40.

En el primer trimestre es frecuente que las mujeres sientan una bajada de la líbido a consecuencia de los cambios hormonales: la aparición de náuseas, vómitos o sensibilidad en las mamas, pueden provocar que la líbido descienda.  Sin embargo, hay mujeres que experimentan un incremento del deseo debido a los mismos cambios hormonales, que también provocan una ultrasensibilidad de los genitales y pechos que hacen más fácil llegar a altos niveles de excitación y orgasmo.

En el segundo trimestre, con bastante frecuencia, aunque no en el 100% de los casos, el deseo experimenta un aumento debido a que los posibles molestos síntomas del primer trimestre ya han desaparecido. Y es que el aumento del flujo sanguíneo hacia los genitales femeninos (labios, clítoris y vulva) hace que llegar a altos niveles de excitación y al orgasmo sea más fácil que antes.

En el último trimestre, lo más frecuente es experimentar una bajada del deseo. Esto se debe principalmente al aumento del tamaño del abdomen que puede dificultar determinado tipo de prácticas sexuales, y que cada vez se está más pendiente de la llegada del bebé y esto puede provocar que el foco de atención no esté precisamente en las relaciones. Además, es el período donde suelen aparecer más miedos asociados a dañar al feto durante los contactos sexuales (los que, curiosamente en ocasiones son más frecuentes en hombres que en mujeres).

Es decir, respecto a la pregunta de hasta cuándo se pueden mantener relaciones estando embarazada, la respuesta va a depender de cada mujer en concreto y de cómo se sienta. A priori, nada impide las relaciones incluso en el tercer trimestre, pero quizás éstas sean diferentes, dados los cambios que supone esta última etapa.

¿Qué cambios asociados al embarazo pueden afectar a las relaciones sexuales?

  • Las náuseas y vómitos y el cansancio, sobre todo, en el primer trimestre: el cuerpo se está adaptando a la nueva situación física y hormonal.
  • Cambios en la silueta de la mujer: a veces pueden pasar factura a la autoimagen y que ello condicione las relaciones.
  • Congestión de los órganos genitales: El mayor flujo sanguíneo hacia la pelvis, causado por los cambios hormonales, puede incrementar la respuesta sexual en algunas mujeres, pero también, como decíamos antes, puede ocurrir que el sexo sea menos satisfactorio, por ejemplo, cuando tras el orgasmo queda una sensación desagradable. También para las parejas esta congestión puede incrementar el placer, cuando el aumento de la presión en la vagina resulta agradable, o reducirlo, cuando la presión es tanta que se puede dificultar la erección.
  • Salida de calostro: Algunas mujeres, en los últimos meses del embarazo, empiezan a producir calostro, que es una sustancia precursora de la leche. El calostro puede salir de los pechos durante una relación sexual, cuando hay estimulación de los mismos. Si resulta molesto, basta con dejar de estimularlos, y desaparecerá.
  • Hipersensibilidad en las mamás.
  • Alteración de las secreciones vaginales: La secreción vaginal puede aumentar y cambiar de consistencia, olor y sabor. Puede ocurrir que el aumento de la secreción vaginal haga que la vagina esté tan húmeda y resbaladiza que disminuya la sensibilidad y el coito sea menos gratificante para él y para ella. El olor y sabor diferente puede hacer que realizar un cunnilingus (sexo oral de un hombre a una mujer) para algunos hombres resulte desagradable.
  • Hemorragia causada por la sensibilidad del cuello uterino: El cuello uterino se congestiona durante el embarazo, porque está atravesado por muchos vasos adicionales destinados a transportar una mayor cantidad de sangre hacia el útero y es más blando que antes del embarazo. Esto puede provocar que la penetración produzca una pequeña hemorragia, que no es preocupante pero si se debe consultar con el médico cuando ocurre.

¿Cuáles son los miedos más habituales relacionados con el embarazo y las relaciones sexuales?

  • Miedo a hacerlo daño al bebé o de provocar un aborto: En embarazos sin complicaciones no pasa ninguna de las dos cosas. El bebé está bien protegido dentro del saco amniótico y el útero, y el útero está bien cerrado por un tapón mucoso en el cuello uterino.
  • Miedo a que el orgasmo provoque un aborto o parto prematuro: Aunque el orgasmo provoca contracciones en el útero, dichas contracciones no son ningún riesgo en un embarazo normal.
  • Miedo a que el bebé “mire” o “sea consciente”: Esto es imposible. El bebé no puede ver ni comprender lo que ocurre durante una relación sexual.
  • Miedo a “golpear” la cabeza del bebé: No hay pene lo bastante grande para que esto pueda ocurrir. El bebé está muy bien protegido dentro del útero como he explicado antes.
  • Miedo a que la penetración pueda provocar una infección: A menos que la pareja tenga una infección de transmisión sexual, esto no puede ocurrir.
  • Miedo a que la relación sexual durante las últimas semanas haga que se inicie el parto: Las contracciones uterinas que se producen en el orgasmo se vuelven más intensas a medida que el embarazo llega a su final, pero esto no llega a provocar el parto en sí.

¿Qué tipo de prácticas son seguras y cuáles no durante el embarazo?

  • Sexo oral: El cunnilingus (estimulación oral de los órganos femeninos) es seguro durante el embarazo, sólo hay que asegurarse de no echar aire dentro de la vagina. La felación (estimulación oral de los órganos masculinos) también es segura en el embarazo, incluso tragar el semen. Eso si, hay que evitar el sexo oral cuando la pareja tenga alguna enfermedad de transmisión sexual.
  • Sexo anal: Es seguro pero con precauciones. Si la mujer tiene hemorroides (posible efecto secundario del embarazo) será incómodo para ella. Al realizar sexo anal hay que tener el cuidado de no pasar del ano a la vagina sin lavarse, ya que se puede introducir bacterias en la vagina y provocar infecciones que pueden ser un riesgo para el bebé.
  • Masturbación: Es totalmente segura a no ser que el orgasmo esté prohibido a causa de un embarazo de alto riesgo o riesgo de parto prematuro.
  • Coito: Es totalmente seguro a no ser que el médico lo desaconseje por alguna razón, simplemente hay que buscar la postura más cómoda para la mujer. Las posturas que suelen ser más cómodas son las laterales (frente a frente o pecho contra espalda) y con la mujer encima.
  • Y no olvidemos que los besos, abrazos, caricias, carantoñas y arrumacos también son una forma de mantener relaciones sexuales… No todo tiene porqué pasar por la penetración.

En definitiva, en muy pocos casos hay razones de peso para no poder tener relaciones sexuales. Pero quizás el embarazo sea un buen momento para empezar a tener relaciones sexuales de otra forma, salirse de los “clichés” típicos y tópicos y empezar a experimentar nuevas formas de conocernos y relacionarnos sexualmente. Esta práctica además va a venir muy bien para cuando el bebé ya haya nacido, ya que si el embarazo es un periodo de adaptación, el nacimiento de un bebé (sobre todo si es el primero) es una ¡¡auténtica revolución!!

Carmen María Miera Ardila
Psicóloga-sexóloga



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