Sí que es posible. De hecho, la pareja suele salir reforzada al plantarle cara a la monotonía, ya que se afianzan los vínculos y se aumenta la intimidad. A veces es suficiente con mostrar un poco más de interés, tener iniciativa, innovar y no “dormirse en los laureles” esperando que las cosas “surjan” de forma mágica y espontánea (como ya sabéis, esto es el deseo tipo 1, típico de los inicios). Necesitamos invertir en mantener la llama de la pasión encendida.
Imagina que tienes un hermoso jardín, lleno de preciosos árboles y coloridas flores. Si quieres mantenerlo así de bello y vital, hay que regarlo y fertilizarlo, o de lo contrario se irá marchitando poco a poco. Si te dejas llevar por la inercia y la rutina es muy posible que “tu jardín de la pasión” acabe por secarse. Pero con ciertos mimos, atenciones y cuidados, permanecerá bello y fértil. Por ello hay que dedicarle tiempo y darle espacio y prioridad al deseo.
Si analizamos nuestro día a día, ¿cuántas cosas son verdaderamente espontáneas? Probablemente muy muy pocas. Casi todo requiere de un cierto grado de previsión, y con el sexo ocurre lo mismo. Aunque un “aquí te pillo aquí te mato” puede resultar de lo más estimulante, lo cierto es que por la vorágine cotidiana (y más si se tiene familia) no podemos basar en esa espontaneidad y en el “ya encontraré el momento” todos los encuentros sexuales, porque es muy posible que ese momento no llegue. De ahí que un cierto grado de planificación para lo sexual puede ser de gran ayuda.
Algo tan sencillo como que una vez a la semana (en semanas alternas, por ejemplo) uno de los miembros de la pareja se ocupe de organizar un encuentro sexual “diferente” y cite al otro, puede ser un gran estímulo para mejorar la intimidad y las relaciones sexuales.
Además, para estimular el deseo, hay que tener el sexo presente. Si es lo último de nuestra “To Do List”, lo más probable es que ni llegue. Hay que tenerlo en mente, y como decíamos más arriba, darle prioridad.