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¿Cómo perdonar lo imperdonable?

El otro día en una cena con amigos surgió el tema del perdón, y al llegar a casa recordé que Walter Riso dedicaba un apartado a este complejo asunto en “Pensar bien, sentirse bien” y me apeteció releerlo y compartirlo.


“Perdonar es no odiar, extinguir el rencor y los deseos de venganza, negarse a que el resentimiento siga echando raíces”.

Y yo añadiría que dejar ese gasto de energía inútil que incluye rumiaciones obsesivas con el agravio, la ansiedad del “por qué”, y “no me merecía”, y “hay que ser malo/a para” y el “ojalá le pase…”. Y en los casos en que la víctima se convierte en “justiciera”, la mayoría de las veces en su afán de castigar, excede con creces el agravio recibido, “te hago esto por haber sido mala persona” y no es consciente de que está actuando como peor persona todavía.

Hablamos de perdón si existe odio o rencor, sino, no tiene sentido. Y además no hablamos de simples errores, ahí sería más lógico disculpar; si lo entiendo como error no te culpo, creo que no hubo mala intención. Si lo haces a propósito o consciente del daño que me vas a hacer…ahí es donde tiene sentido el perdón. Y el perdón no necesita del arrepentimiento del otro; si lo muestra puede facilitarlo, pero no es indispensable, no depende del otro sino de mi. Como decía el filosofo Derrida “el perdón es para lo imperdonable”

Y tampoco es renunciar a la justicia, ni dejar de defender nuestros derechos o nuestras creencias. Puedo perdonar y exigir justicia pero no por rencor sino por principios. Y puedo perdonar y dejar a mi pareja o romper una relación con un familiar o amigo.

¿Cuáles son los caminos para llegar al perdón?
Walter Riso, conocido psicólogo y escritor, describe cinco caminos diferentes para llegar al perdón. Los tres primeros están más centrados en el “otro” y los últimos en el “yo”.

  1.  El camino del amor.
    Esta forma de llegar al perdón suele darse de manera natural cuando amamos a la persona que nos ha hecho daño. Qué no le perdonaríamos a un hijo, cómo odiarlo o guardarle rencor, y quizás sea extensible a otras personas como hermanos, padres, e incluso en algunos casos pareja y buenos amigos. Fuera de estos vínculos tan especiales quizás no sea el camino que nos sirva, salvo para algunas personas muy religiosas o espirituales.
  2.  El camino de la compasión.
    Aunque compartir el dolor no es perdonar, en algunos casos, de tanto ver sufrir al que nos ha herido o agraviado acaba gestándose el perdón. Seguramente está relacionado con el anterior y se dé, de forma más fácil cuando hay un vínculo de amor con el agresor, (hijos que han llegado a perdonar abusos o malos tratos de los padres) y en casos menos extremos, perdonar una infidelidad en pareja, una traición de un amigo o un familiar, etc.
  3.  El camino de la comprensión
    Este es el favorito de los psicólogos, pero no necesariamente comprender es perdonar. A veces no conseguimos justificar la falta, sin embargo otras, la revisión desde otro punto de vista, el ponernos en el otro lugar, el intentar entender otras maneras de sentir y actuar según la mochila de cada uno… En definitiva, la comprensión puede preparar el camino para que surjan nuevos sentimientos.
  4. El camino del desgaste
    En muchos casos el desgaste que supone el rencor para la persona que lo siente, es tan fuerte que el perdón aparece como un mecanismo de defensa o de supervivencia: “no puedo más, me cansé de odiar”. Aquí no importa el otro, es un autorregalo: “te perdono porque lo necesito para seguir bien”. Para perdonar no se requiere ni siquiera tener contacto con el agresor, ni el arrepentimiento de éste, incluso hay veces en que está ausente o muerto, pero por desgaste decidimos hacer este proceso tan personal de perdonar y dejar de odiar.
  5.  El camino de la comparación
    Nos identificamos con el que nos hirió bajo la reflexión, “quien esté libre de pecado…”. Nos involucramos de otra manera, desde el autoexamen, la autocrítica, la humildad de sabernos humanos capaces de hacer daño. ¿Cómo no perdonar lo que yo mismo podría hacer o si no eso, algo semejante? Esta forma de llegar al perdón suele darse cuando hablamos de pequeños agravios o faltas, esos actos de maldad que la mayoría seríamos capaces de cometer en algún momento.

 

Para perdonar no importa tanto el camino como el resultado. Ver el perdón como algo positivo y entender el efecto pernicioso que tienen el odio y el rencor si siguen ahí, requiere su tiempo. Requiere sopesar y elegir nuestro propio camino para llegar a perdonar y soltar ese lastre enfermizo. Hacernos ese regalo y en algunos casos, hacerle ese regalo al otro, regalo que seguro que también nosotros hemos recibido alguna vez.
¿Y tú, te atreves a perdonar?

 

Begoña Ramos
Psicóloga Sexóloga en Aidé



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