¡Otra vez a hablar del Síndrome postvacacional! | aidepsicologia
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¡Otra vez a hablar del Síndrome postvacacional!

Podría comenzar este artículo diciendo: Enhorabuena a todas la personas que tenéis el síndrome postvacacional porque significa que tenéis trabajo y vacaciones.

 

Lejos de empezar con esta perogrullada sarcástica y quedarme en la superficie, añado que, no solo las personas que gozan de la suerte de tener trabajo y una vacaciones remuneradas o no, son víctimas potenciales de sufrir este síndrome también denominado depresión post vacaciones, síndrome de la vuelta al trabajo, estrés postvacacional, etc. Otras personas propensas a sufrir los síntomas que componen este síndrome, son las personas desempleadas, por ejemplo. Una persona que carece de oficio con beneficio tiene una situación de estrés; es decir, proceso normal de adaptación a las demandas del ambiente sufriendo una serie de cambios o reacciones de activación, aceleración de funciones y puesta en marcha de nuevos recursos a nivel corporal o físico, a nivel mental o cognitivo, así como a nivel conductual.

El desempleo es un estresor más importante que el reincorporarse tras las vacaciones a tu puesto habitual en función de tener riesgo de prolongarse y agravarse provocando problemas de salud más serios.

Ser mujer es otro factor que aumenta la probabilidad de padecer estrés. La explicación que se ha dado hasta la actualidad más retrógrada (debido a que sigue siendo lo mismo de siempre a pesar de la evolución) es la doble tarea desempañada por ellas: trabajo fuera y dentro de casa. ¿Aún siguen siendo válidas estas razones? ¿Se puede generalizar de una manera tan gratuita?

Sigo dándote la enhorabuena si tus síntomas de reincorporación al puesto de trabajo tras las vacaciones no vienen aderezados con problemas de pareja, dificultades económicas o enfermedades. Estas y muchas otras razones serían motivos que muchas personas añaden a su lista de dificultades por levantarse cada día.

 hombre en bañador lanzándose de cabeza a una piscina

¿Y qué podemos hacer, seguir escribiendo los mismos consejos para prevenir y paliar los efectos del estrés posvacacional o cambiar la forma de vida y la manera de percibirla?

Los consejos que encontraréis año tras año, en todos los informativos, periódicos, redes sociales, etc. no van a cambiar, se repiten sin escrúpulo alguno. Pero si nos lo cuentan cada año ¿por qué vuelve a ocurrir? ¿Nos resignamos a pensar que va a seguir siendo así o hacemos algo por mejorarlo?

Entremos entonces en materia preventiva, pero no solo serán recomendaciones para este periodo temporal y pasajero de estado de ánimo transitorio de adaptación con síntomas de depresión y ansiedad, sino que haremos un ejercicio de extrapolación poniéndolos en práctica cada día del año. Si no crees que es necesario, responde por favor a esta cuestión: ¿Acaso no sufres a lo largo de todo el año alguno de estos síntomas: irritabilidad, astenia (falta o decaimiento de fuerzas caracterizado por apatía, fatiga física o ausencia de iniciativa), falta de concentración, tristeza, melancolía, visión negativa, apatía, ansiedad, insomnio y somnolencia a lo largo del día, alteraciones somáticas como dolores musculares, tensión, falta de apetito e incluso, en ocasiones más graves: palpitaciones, taquicardias, sensación de ahogo …?

¿Lo intentamos? Veamos esas sugerencias.

  •  Trabaja en lo que te gusta. Lo sé. Hoy en día, ¿cómo hacer ésto si la preocupación es trabajar, sea en lo que sea? Pues buscando una motivación dentro de las funciones que tengas encomendadas, realzando lo positivo del trabajo, poniéndote retos cada día,…
  • Fraccionar las vacaciones. No seáis agonías. ¿Por qué coger un mes para estar once meses sufriendo? Mucho mejor intervalos de tiempo más pequeños distribuidos a lo largo de todo el año. Esto evitará que los cambios en los hábitos sean tan drásticos y permanentes y nos permitirá disfrutar de varios periodos lúdicos a lo largo del año. Claro que, esto no es posible si te obligan a coger las vacaciones en una fecha determinada sin opción a elegir ni temporada, ni número de días, etc.
  • Regresar de las vacaciones un poco antes para irnos acostumbrando, no justo el día previo a nuestra incorporación laboral. De este modo el cuerpo y la mente si irán adaptando a los horarios, la rutina, el entorno hostil.

Perdona que me ría. Pero si alguien tiene veinte escasos días al año de vacaciones ¿en serio piensas que va a perder un solo minuto en habituarse? Ellos pensarán: Ya me adaptaré en horario de trabajo.

  • ¡Atención a este gran consejo!: Evitar que el regreso de las vacaciones coincida con lunes para evitar enfrentarnos con una semana completa de trabajo nada más regresar.¡Fantástico! Si todos seguimos este consejo, el domingo pará al lunes como día no laboral.
  • Incorporarse gradualmente al trabajo. Por ejemplo que el primer día sea de contacto con los compañeros, de compartir experiencias, organizar la agenda… sin angustiarnos por cumplir de manera estricta con nuestras obligaciones rutinarias.

¡Qué maravilla! Podemos empezar la mañana montándonos en el autobús dirección al trabajo y el conductor o conductora vaya charlando contigo, contándote sus vacaciones, parándose a tomar un café en el bar donde sueles desayunar y entonces se uniría el camarero o la camarera y a seguir disfrutando. Si todos y todas el día dos de septiembre de 2013 hubieran tenido en cuenta esta pauta, también se uniría al domingo y al lunes, como otro día festivo.

Centrémonos. Lo cierto es que habrá que tomarse con humor la vuelta al trabajo sin dejar de realizar actividades gratificantes como el deporte, las charlas con los amigos, los paseos, alimentarse bien, actividades de ocio, etc., siempre con una actitud positiva y optimista apreciando la suerte que tenéis si estáis trabajando.

Por último, no olvides dormir, descansar y satisfacer tus placeres sexuales.

by Virginia Guzmán.



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