Enemigos de una buena vida sexual II: Las otras expectativas | aidepsicologia
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Enemigos de una buena vida sexual II: Las otras expectativas

En un artículo anterior hablábamos de cómo las expectativas de resultado del encuentro condicionan nuestra vida sexual y pueden llegar a crearnos un problema donde no está pasando nada raro. Hoy hablaremos de otro tipo de expectativas, sobre la intensidad y las ganas que tiene que haber. ¿Cómo creemos que tiene que ser el sexo? La respuesta de la mayoría sería: como al principio de comenzar la relación.

Esto puede que sea lo ideal, y todos y todas tenemos grabado cómo es nuestro deseo cuando conocemos a alguien y empezamos una relación, esas ganas son enormes, todo el día pensando y fantaseando con el sexo, todo fluye, no hay pereza, da igual las condiciones en que estemos, cansancio, estrés o falta de sueño, te apetece y te pones a la mínima que tienes ocasión. Hasta aquí todo genial, salvo que obviamos un aspecto: esto es una etapa que puede durar más o menos pero que, inevitablemente, pasará a otra, donde bajará esa intensidad en el deseo, volveremos a priorizar otras cosas que hemos ido aparcando en ese tiempo, y la pareja, una vez consolidado el vínculo y pasada la “novedad”, notará que esa chispa de antes ya no es tan intensa.

¿Esto es un problema? No, esto es absolutamente normal. Todos y todas lo hemos vivido, y deberíamos contar con esto como parte natural de un proceso, sin embargo, muchas personas idealizan como ha sido el sexo en esta etapa e inevitablemente cuando la cosa afloja, llegan las frustraciones.

De alguna manera esa etapa (breve en la mayoría de los casos) ha reforzado aún más la idea del que en el sexo cuando alguien te atrae, todo es fluido, arrancas con ganas, te excitas con que te pongan un dedo encima, y la intensidad y la pasión están ahí sin tener que hacer nada especial. ¡Qué maravilla de etapa! Pero es sólo eso, una etapa. La novedad es afrodisíaca, las parejas se están descubriendo, todo es nuevo, estimulante, excitante… Después viene un proceso natural de habituación (la exposición repetida al mismo estímulo suele ir acompañada de una disminución de la intensidad emocional que despierta ese estímulo) y en muchos casos, si además se ha consolidado el vínculo y la relación, la pareja poco a poco va recuperando y dedicando tiempo y energía a otras cosas de su vida que ha tenido más aparcadas.

Las mujeres suelen llevar peor esta bajada natural de la intensidad con su pareja como si fuera un problema de actitud o de interés del otro. Los hombres no suelen llevar las quejas muy bien y para ellos suele destacar más que la frecuencia del sexo también ha disminuido.

Si la pareja no empieza a vivir esto como un proceso natural, para nada negativo, sino un cambio de etapa al que hay que saber adaptarse, pueden empezar a generarse pequeños malentendidos y creencias que algún día les pasarán factura.

La nueva etapa es buenísima, quizás menos estimulante y novedosa, pero los sentimientos han ganado protagonismo, pueden retomar de nuevo sus intereses, y despegarse de su pareja con la tranquilidad y seguridad de que no la van a perder. El sexo no suele ser menos importante, sólo es menos urgente, y se empieza a priorizar también de otra forma.

Sin embargo, no todo tiene por qué ser la evolución natural de la vida sexual. Muchas parejas con el tiempo, se sienten insatisfechas con sus relaciones sexuales, o por la frecuencia o por lo rutinarias que se han vuelto. Pensemos en alguien que abre un negocio, por ejemplo un bar, y los primeros meses le va de maravilla. La novedad ha hecho que todo el que pase por allí entre y pruebe con curiosidad lo que ofrece. Pero imaginemos que, pasada la novedad, la cosa afloja. ¿Qué entendemos que debe hacer? ¿Sentirse insatisfecho porque ya no es como al principio y amargarse? Obviamente no, lo normal es que se rompa un poco la cabeza para ver cómo atraer más a su clientela, nuevas y variadas comidas que despierten de nuevo la curiosidad, mejorar la calidad, inventarse ofertas atractivas, cuidar más el trato, incluso a veces pequeños cambios en la decoración. No entenderíamos una actitud pasiva en un empresario y no nos vamos a permitir una actitud pasiva respecto al sexo si de verdad queremos que vaya bien. Tenemos que descartar la idea de “como iba genial sin tener que pensar ni hacer nada es que así es como debe ser”…NO. NO y NO!

Iba genial sin tener que hacer nada, era la “magia” de esa etapa, pero una vez pasa, hay que pasar de la idea de “la magia” a la idea de “¡nosotros somos los magos!”, actores protagonistas y responsables al 50% de nuestra vida sexual.

Si la frecuencia ha bajado demasiado, es que a veces somos de todo o nada, y pasamos de priorizar el sexo en la primera etapa a dejarlo para lo último de la lista de las cosas pendientes semanales. Solución: Prioriza y busca tus huecos de calidad para los encuentros, cuando hablamos de calidad es tener un tiempo donde no estemos agotados y podamos relajarnos un rato con la pareja.

Si se han vuelto rutinarias, la solución es pensar un poco e ir introduciendo cosas diferentes y más estimulantes. Tanto para pedir como para ofrecer, toca darle vueltas a la cabeza y esto no es malo, sino absolutamente normal y lo hacemos continuamente en todas las áreas de nuestra vida para ir mejorando o solucionando ¿por qué aquí iba a ser distinto?

Y para los menos creativo/as, no dudéis en daros una vuelta por este blog donde podréis encontrar información interesante en próximas entradas y en antiguos artículos.

Begoña Ramos González.
Psicóloga Sexóloga en Aidé.



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