Enemigos de una buena vida sexual I: las expectativas | aidepsicologia
17263
post-template-default,single,single-post,postid-17263,single-format-standard,ajax_fade,page_not_loaded,,qode-child-theme-ver-1.0.0,qode-theme-ver-11.1,qode-theme-bridge,wpb-js-composer js-comp-ver-5.1.1,vc_responsive
 
enemigos-de-una-buena-vida-sexual-i

Enemigos de una buena vida sexual I: las expectativas

El primer enemigo que nos encontramos los/as terapeutas para poder ayudar a resolver problemas relacionados con el sexo está en la cabeza; una serie de mitos y creencias sobre cómo debe ser el sexo y cómo debe funcionar cada uno/a. Y es que en el sexo, a diferencia de otras áreas, las expectativas son altas (a veces demasiado) y muy rígidas. En siguientes artículos iremos viendo diferentes aspectos que nos impiden tener una vida sexual activa y satisfactoria, hoy nos centraremos en las expectativas sobre el resultado.

Tenemos una serie de ideas erróneas muy arraigadas e interiorizadas: Para meternos en un encuentro sexual hay que tener deseo (mejor si es alto). Cuando lo hay y te pones manos a la obra, todo tiene que fluir, excitarte rápido y que tu cuerpo responda perfectamente. El hombre debe tener una excelente erección y duradera y la mujer llegar al orgasmo, y, después o mejor aún, a la vez, que llegue él. Y por supuesto, al ser “sexo” se espera que todos los encuentros sean de notable a sobresaliente. Si son de bien ya lo vemos raro, si son de suficiente, “uf, va dando pereza, ¿ponerse para esto?”, y como además algún encuentro sea malo… saltan las alarmas y la pareja lo vive con excesiva frustración. Puede que alguien que esté leyendo piense que es lo normal, iremos viendo en próximos artículos por qué son ideas erróneas.

Hoy toca preguntarnos, ¿De verdad, cada encuentro, estemos como estemos, debe ser de notable o sobresaliente? ¿En otras actividades, sean laborales o de ocio, o placenteras tenemos las mismas exigencias? Si la respuesta es sí, míratelo con ayuda profesional porque tienes un problema. Si la respuesta es no, significa que vives con normalidad no disfrutar siempre igual de todas las actividades ni rendir siempre igual en todo lo que haces, pero que el sexo está demasiado idealizado y hay demasiadas expectativas.

Todos y todas tenemos la experiencia de meternos en encuentros con muchas ganas y que después, por lo que sea, no haya fluido, o bien porque la excitación haya oscilado, o porque el final no ha sido muy intenso. Empezó bien pero se torció, o parece que el cuerpo o la mente no acompañan ese día. Igual también hemos tenido experiencias en el sentido contrario, empezar con pocas ganas pero que luego… ¡cómo se ha ido poniendo la cosa!

Igual estas sorpresas nos pasan en cualquier área de nuestra vida. Salimos por ahí con muchas ganas de divertirnos y desconectar y vaya noche más insulsa. Nos arrastran a tomar algo un día que estamos apáticos, y… ¡acaba siendo la mejor salida del mes! O igual estamos en nuestra mejor forma física y qué horror de partido, que mal he jugado, y otro día estresados o hasta griposos, sorprendentemente ¡brillamos en la cancha! ¿Explicaciones de esto? Muchas, pero ninguna demasiado importante la verdad, basta saber que la vida es así, que no todo está en nuestro control, y que las expectativas positivas y negativas , son solo eso, expectativas y luego está la realidad.

En el sexo pueden crear problemas los dos tipos de expectativas, las positivas y las negativas, cada una a su manera.

Las positivas que se pasan de positivas. Es decir en cualquier encuentro sexual va a haber cosas buenas, porque siempre hay placer, y a veces solo con compartir ese rato de intimidad, afecto o contacto físico ya es una maravilla con el ritmo de vida que llevamos, pero que siempre tenga que ser “sexo genial, de tirar cohetes, o donde todo fluya, y funcione a la perfección”… hay un trecho, y claro… llegan las frustraciones, donde en realidad solo cabe quedarse con lo bueno que hubo, y saber que otro día será de otra forma, y que no hay que darle mayor importancia ni analizar mucho más (salvo que siempre los encuentros sean insatisfactorios, que entonces no estaría nada mal analizar qué está pasando ahí para ver si hay que hacer algún ajuste o cambio o buscar ayuda).

Luego están las expectativas negativas, o de que no va a ir bien el encuentro, o de que no nos vamos a sorprender. Y claro, en el primer caso, profecía que se autocumple, el ”no va a ir bien” predispone a la persona a estar insegura, ansiosa o analizando a cada minuto como va y… resultado: se cumple mi expectativa y no va bien. En el segundo caso, el ver el sexo ya como algo conocido, rutinario, donde nos conocemos muy bien y no espero nada, me predispone a meterme en el encuentro de forma pasiva, con poca curiosidad, es como “ver una película que he visto demasiado veces”, y ahí estamos de nuevo, viendo esa película sin caer en que somos actores protagonistas que cuando queramos le podemos dar un giro al guión.

¿Dónde está el equilibrio con esto de las expectativas? ¿Es posible no tener expectativas de algo? ¿Cuáles serían las más realistas en esto del sexo?

Bueno, quizás es complicado tener cero expectativas, pero no lo es tenerlas abiertas. Me explico. Si quedamos con un amigo para tomar algo, no sería bueno pensar “seguro que nos reímos tanto como la última vez”. Basta con que nuestro amigo no tenga el día para bromas, sino que viene a compartir algo malo que le pasó, para frustrar nuestra expectativa y ese rato se nos haga pesado. Si vamos con la idea de “Se dé lo que se dé, seguramente es un rato bien invertido”, aunque estemos con nuestro amigo decaído en frente nos parecerá que es muy agradable sentirse útil y que en las amistades hay que estar también para escuchar y ayudar. ¿Se va entendiendo la idea? Ahora nos vamos con esta idea y la proyectamos sobre otro tema, las expectativas en la cama. Si no puedo ir sin expectativas porque a los seres humanos en lo conocido nos resulta muy difícil, al menos podríamos ir con expectativas más abiertas y positivas del tipo: ”se de cómo se dé, estará bien”. Lo más probable es que estemos más abiertos a ver lo bueno que vaya ocurriendo, y que hasta en el peor día acabemos con la sensación de que le hemos dedicado tiempo a la intimidad con la pareja y eso es muy importante, que nos hemos compartido un ratito, y seguramente podremos “rascar” algunas cosas del encuentro que han sido placenteras, excitantes o especiales, independientemente de cómo hayamos “fluido o funcionado” ese día.

Para acabar, os dejo unos datos para reflexionar. En su libro “Deseo”, Sylvia de Béjar, menciona que algunos autores (como Metz y McCarthy) estiman como expectativas realistas esperar que solo un 20 o 25% de los encuentros sean muy buenos, entre un 40 y 60% buenos, y ¡atentos! Entre el 15 y el 40% regulares, poco satisfactorios, y algunos incluso disfuncionales.

Así que pensadlo, ¿os parece realista esta expectativa? Muchos pacientes cuando les pregunto, no suelen contemplar los encuentros malos o regulares como algo también natural, pero a poco que se paran a pensar, y examinar en otras áreas, resulta muy difícil obcecarse en algo tan poco razonable.

Begoña Ramos
Psicóloga Sexóloga Aidé

Tags:


Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información. ACEPTAR

Aviso de cookies