Duelo por ruptura de pareja | aidepsicologia
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Duelo por ruptura de pareja

El duelo, es el proceso de elaboración de una pérdida, que consiste en la asimilación y aceptación de la situación dolorosa, para poder adaptarnos tanto interna como externamente a la nueva realidad. Aunque su uso es más extendido en las pérdidas por muerte, se aplica también a otras pérdidas, como rupturas de pareja, e incluso para pérdidas laborales, de la juventud, de la salud, etc.

Las fases más comunes tras una ruptura serían:

  1. Incredulidad/negación
  2. Insensibilidad
  3. Tristeza
  4. Miedo, angustia, culpa
  5. Ira (venganza)
  6. Sensación de descontrol, necesidad de salir, etc.
  7. Nostalgia
  8. Serenidad, necesidad de estar mejor
  9. Aceptación
CARACTERÍSTICAS DE LA FASES DEL DUELO DE PAREJA

1.- INCREDULIDAD O NEGACIÓN

Es una fase que se corresponde con el shock inicial de la noticia, y con el mecanismo de defensa de no querer enfrentarnos a esa realidad.

No hay duración normal para la duración de esta fase, pero salvo casos muy específicos, lo habitual es que se corresponda con los primeros días de la noticia o las primeras semanas si la persona tarda en abandonar el hogar, o simplemente si las circunstancias de la ruptura han sido confusas, como por ejemplo una pelea fuerte donde uno no cree que se vaya a cumplir la amenaza, o una ruptura muy brusca sin una etapa previa de conflicto o malestar o sin explicaciones muy claras.

2.- INSENSIBILIDAD

Algunas personas, cuando dejan de negarse el hecho en sí de la ruptura, o empiezan a creérselo, entran en una fase muy curiosa donde dicen no sentir nada. Hablan del tema igual que te comentarían una noticia de la televisión, sin emoción, como una mera descripción de hechos pasados, presentes y puede que hasta futuros. A veces son conscientes de que es “raro” como se encuentran, pero otras creen que ese no sentir puede que se relacione con que en realidad no estarían tan enamorados/as como pensaban o como que lo han aceptado muy rápido y están pasando página.

Cuál sería una duración normal es difícil decir, pero si que como terapeutas debemos hacer que esa persona supere el bloqueo y empiece a sentir para que pueda avanzar con su duelo. Esto se hará poco a poco, en consulta, hablando, preguntando, y solo en casos necesarios se usarán medios más directos para que tome conciencia de lo que le pasa (ejemplo, viendo fotos, examinando a que no se quiere enfrentar, etc.).

3.- TRISTEZA

Aquí es sencillo llegar: cuando me lo creo, asimilo lo que está pasando y paso el shock y bloqueo inicial, empieza la tristeza y el dolor. Si hay una emoción que corresponda más que otra al duelo, esta sin duda sería la tristeza. Es la emoción que corresponde a cualquier tipo de pérdida, es sana, y es necesaria pasarla quiera o no el paciente para poder hacer el proceso de duelo.

Sin embargo, aunque en estos casos sabemos que es la emoción normal, en la práctica nos vamos a encontrar a personas que parecen tener “alergia” a esta emoción. Algunas porque lo ven como signo de debilidad y quieren estar fuertes, otras porque creen que su ex pareja no se lo merece, y otras personas porque lo asocian a la depresión y cada vez que se notan la más leve tristeza ponen en marcha toda una serie de mecanismos de distracción y automensajes positivos para cortarla lo más rápido posible.

Aquí sí que no hay un tiempo de duración, y habrá que tener en cuenta todos los factores implicados para saber si tenemos que limitarnos a acompañar y ayudar a que lo asimile, o debemos empezar a intervenir con técnicas cognitivas o conductuales para que aprenda a manejar esa emoción para poder proseguir con su vida y sus actividades.

4.- MIEDO, ANGUSTIA, CULPA

El miedo aparece con bastante frecuencia. Suele ser miedo a lo desconocido, a estar solos/as, a qué les deparará el futuro, a enfrentarse a nuevas tareas o funciones que llevaba la otra persona y que no se ven capaces de hacer, en general miedo a todo y a veces a nada en concreto, solo al futuro y si será peor que lo ya conocido.

La angustia, a veces con forma de ansiedad suele aparecer especialmente si los trámites de la separación se están dificultando por algo o hay cosas pendientes. Por ejemplo cuando están esperando los papeles para una separación legal, cuando hay hijos pero no sentencia y se ven obligados a negociar o estar en contacto, y también cuando hay bienes comunes y el reparto está pendiente de hacer.

Quiero destacar entre estos factores que conducen a la ansiedad, uno que a veces cuando aparece, provoca altos niveles de ansiedad y que puede precipitar pasar a otra fase o alternarse con esta.

Son muchas las personas que tras la ruptura, tienen información de su ex pareja, y habitualmente esto les crea desasosiego aunque la información no sea relevante. Por ejemplo saber que están saliendo, o que le han visto en algún sitio con alguien, o simplemente que siguen con sus rutinas y aficiones. De todas estas informaciones, la que más impacto emocional suele tener es conocer una infidelidad pasada (que ocurrió durante la relación), que el motivo de ruptura fuera otra persona (aun sin infidelidad) o saber que esta rehaciendo su vida y tiene una nueva pareja.

La culpa, aunque parecería lógica en los casos donde el paciente es el que se ha dejado la relación, por el motivo que sea, y especialmente si no ha sido de mutuo acuerdo, lo cierto es que aparece muy frecuentemente en muchos pacientes que digamos son “abandonados/as”. Aparecen lo que yo considero los temibles y autodestructivos “¿y si hubiera…?”, y además de negativos y poco prácticos, lo peor es que pueden llegar a ser interminables.

No todas las personas que hacen duelo presentan esta culpa y estos “y si…”. Muchas tienen clarísimo quien es el “malo” o la “mala” de la historia, y se ven autenticas víctimas de todo lo ocurrido, sin ver su responsabilidad en nada que tenga que ver con la relación o la ruptura.

Por supuesto, tengan la responsabilidad que tengan, habrá que trabajar esta emoción, estos “deberías” y que acepte su papel y su responsabilidad pero también vea el papel y responsabilidad de la otra parte.

5.- LA IRA

Puede ser la ira, o cualquier emoción de la “familia” de ésta, por así decirlo. A veces aparece en forma de enfado, y otras como rencor.

Esta es la fase del “por qué” continuo, de las conclusiones de todo, incluso es una fase donde puede aparecer la necesidad de venganza o castigo. La persona ha tomado conciencia de lo que le ha pasado, de la pérdida, y vive la ruptura como un ataque personal o una injusticia. Aquí suelen verbalizar todo lo hecho por la pareja, todos los esfuerzos y sacrificios que ahora se ven inútiles, y la ex pareja se ha convertido en el/la mala de la relación.

Como todas las fases, no es negativa, de hecho después de haber estado triste y angustiado/a durante un tiempo, esta emoción parece que proporciona una fuerza y ánimos que llevaban ausentes mucho tiempo, y que en su justa medida, conducirán a la siguiente fase y por tanto a que continúe el proceso y finalice.

Aún siendo una fase funcional, es sin duda una de las “peligrosas”, porque es muy fácil quedarse “atrapado” en ella. Todos hemos visto personas, que mucho tiempo después de su ruptura o separación (a veces muchos años), hablan de su ex pareja con el mismo odio y rencor que si hubiera pasado una semana antes. Y desde luego, rara vez son personas que hayan podido concluir su duelo, en la mayoría de los casos, si preguntamos, no han podido rehacer su vida sentimental, o bien porque no lo han intentado o bien porque no han conseguido mantener ninguna relación. No podemos afirmar que este sea el único motivo, pero desde luego, sabemos que cuando no perdonamos y tenemos rencor, el proceso se cronifica.

6.- EL DESCONTROL

Esta etapa suele venir frecuentemente después de la ira o a la vez que ésta. En algunas personas que no experimentan rabia ni rencor, puede aparecer también, tras un periodo más o menos largo de tristeza y apatía. Pero es sobre todo cuando aparece la rabia y el enfado, que la persona encuentra nuevas fuerzas para enfrentarse al mundo, salir, arreglarse de nuevo, cuidarse más físicamente, incluso es frecuente que veamos en muchos pacientes cambios de imagen (pelo, ropa, maquillaje), que reflejan al fin y al cabo, necesidades de cambio en otras áreas.

7.- NOSTALGIA

Esta fase puede vivirse como una vuelta a la tristeza, aunque no suele darse con emociones tan intensas.

La emoción que predomina es la nostalgia, pero no necesariamente echan de menos a su anterior pareja, sino más bien la vida de pareja, tener a alguien, no encontrarse solos/as, en definitiva echan de menos los buenos tiempos y la ayuda y la compañía de vivir con otra persona.

Es una etapa donde las personas suelen hacer revisión de lo ocurrido con otra perspectiva. Ya no suelen tener presente solo lo negativo o solo lo positivo de su ex pareja, sino que son capaces de hacer un balance.

Si han pasado por la fase de descontrol, es posible que empiecen a salir menos, y vuelvan a quedarse en casa y recuperen algunas rutinas como leer, cocinar, manualidades, etc.

También es cierto, que en general predomina la búsqueda de soledad. Podrán quedar con amigos, pero será menos que antes, y lo más probable es que busquen excusas para quedarse en casa incluso los fines de semana. Hay que tener en cuenta que la nostalgia es una emoción de la familia de la tristeza, y que al igual que ésta, reclama aislamiento e introspección.

Si no habían pasado por la fase de descontrol, y venían de la tristeza, puede que esta etapa la vivan como si se rebajase la intensidad y comenzaran a sentirse más tranquilos.

Si venían de la ira y el rencor y consiguen superar esos sentimientos, vivirán ahora sensaciones más relajadas.

Suele ser la fase donde hacen introspección, se perdonan y perdonan, y aunque también aquí pueden aparecer dudas y miedos sobre el futuro, especialmente sobre futuras relaciones, es una etapa optima para hacer una revisión del papel que han tenido en otras relaciones, qué necesitan cambiar en un futuro, etc.

8.- SERENIDAD

Aunque la nostalgia es una fase relajada, hay cierto desasosiego, ya que se mezclan diferentes emociones de tristeza, duda, miedo, melancolía o echar de menos, y además hay muchos momentos de darle vueltas a todo y hacer introspección. Esta etapa de serenidad concluye el duelo.

Aquí la persona necesita estar bien. Suelen comentar que ya están cansadas de pasarlo mal, y que quieren pasar página y seguir con su vida. Comienzan a retomar los contactos sociales y muchas rutinas.

Son capaces de exponerse a situaciones y lugares que han estado evitando.

No tienen ansiedad por salir o ligar, y son más selectivos con los planes que hacen, ya salen o quedan si de verdad les apetece y les viene bien, pero si no pueden, se quedarán en casa tranquilamente.

En muchas ocasiones, si no lo han hecho antes, empiezan a hacer cambios en casa (si es donde vivieron con su pareja antes), como cambiar el dormitorio, muebles, colores, etc.

Aún en esta fase, pueden aparecer pequeños momentos de tristeza o nostalgia, pero la persona sabrá desecharlos con automensajes de ánimo.

9.-ACEPTACIÓN

Aunque la incluyo como una fase, no lo es propiamente, es decir, todas las anteriores fases forman parte del proceso de asimilación y aceptación de una pérdida, llegados a este punto, el proceso ha concluido.

La persona es capaz de pensar en su ex pareja sin dolor de antes. Puede que incluso ya pueda tener información de su ex sin angustia ni ansiedad, y si tiene alguna emoción negativa no le afectará tanto.

En general, suelen tener un estado de ánimo positivo y estable, se ven fuertes y capaces de seguir su camino. Ya no se aferran a ninguna idea de volver, ni al recuerdo de esa persona, se sienten liberados y capaces de rehacer sus vidas (llegado el momento).

El camino ya se ha hecho, y si se ha hecho bien, seguramente han aprendido y crecido gracias a él.

Para completar la información te recomendamos que consultes la monografía completa: EL DUELO POR RUPTURA DE PAREJA. Una propuesta para comprender y tratar este tipo de duelo.

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