Cómo ser un mal (o mala) amante | aidepsicologia
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Cómo ser un mal (o mala) amante

He aquí un par de consejos para entrar en el ranking de los peores amantes. ¡No dejes de seguirlos al pié de la letra si quieres entrar en el “top ten”!

  1. Conserva tu vergüenza, todo el tiempo que te sea posible, incluso años. No le digas a tu pareja qué es lo que más te gusta y excita, y deja que se esmere y pierda tiempo en estimularte de una forma poco efectiva en vez de decirle lO que preferirías de verdad. Total, lo peor que puede pasar es que, con el tiempo te baje el apetito sexual porque las relaciones “no te encantan” y tengas que continuar con esa gran amiga, la vergüenza de no saber como decirle a tu pareja que prefieres hacer 10 cosas antes que tener sexo.
  2. No pidas ni expliques nada; si tienes una pareja atenta que te pregunta:¿Cómo te gustaría esto?, responde siempre esa gran frase de… “como tú me lo haces me gusta, cariño”, aunque sepas que habría matices que lo mejorarían… no vaya a ser que se cumpla tu gran miedo de herir su sensibilidad (aunque lo más probable es que comprobaras que te escucharía e intentaría hacerlo más a tu gusto poco a poco y que no entraría en depresión ni necesitaría terapia por escuchar eso).

 

Ejemplo práctico: Una pareja acude a consulta después de siete años de relación por falta de deseo sexual de ella. Cuando les pregunté qué creían que le excitaba al otro, el contestó que a ella le encantaba que le besara la oreja. Ante la cara de perplejidad de ella, pregunté, y reconoció (con mucho trabajo y titubeos) que en realidad no le gustaba. El marido se echó las manos a la cabeza asombrado y preguntó qué por qué no lo dijo antes, que le daría igual besarle el cuello o el codo o la punta de la nariz, con tal de que le gustara. Ella solo supo decir: “no sé, al principio me daba un poco de corte y después de un tiempo…ya me daba cosa… y como era un ratito…”. Es decir, al principio por vergüenza, y después por más vergüenza, ya dice el refrán “más vale una vez colorado que cien amarillo”.

Un rato después, él reconocía que no es que no es que no le gustara la masturbación, sino que ella lo hacía un poco “raro” y prefería pasar a otra cosa rápido porque no era muy excitante. Ella se molestó un poco porque recordaba haberle preguntado al comienzo de la relación varias veces por esto y le contestaba siempre muy zalamero: “tú me lo haces todo de maravilla, cariño”. Él no tenía una respuesta; en general disfrutaba y prefería “sacrificar”algunas cosas antes de que ella se pudiera sentir mal o criticada. Ella le aclaró que no se sentiría mal y que le gustaría que él le enseñara cómo hacerlo y que no lo vería como una crítica porque no tenía mucha experiencia (a lo que yo añadí que aunque hubiera tenido muchas relaciones, con cada persona será diferente y te tiene que enseñar cómo le gusta).

Poco a poco empezaron a cambiar cosas y reconocían estar disfrutando de sus relaciones más que en los siete años anteriores.

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