Cinco claves para ser feliz en pareja | aidepsicologia
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Cinco claves para ser feliz en pareja

Como terapeuta de pareja, en ocasiones llegan a nuestra consulta personas en busca de la “fórmula”, del “santo grial” de la satisfacción en pareja, de las claves que les lleven a conseguir la felicidad a través del amor.

La primera decepción surge de desmontar el primer mito: La pareja no te va a dar la felicidad, la pareja no tiene el “poder” de hacernos felices, no te va a liberar de tus insatisfacciones personales. Ese “poder” está dentro de uno/a. Si bien, cierto es que el sentirse acompañado/a en el camino de la infelicidad, puede hacer que éste sea más llevadero 😉 (aunque no sé yo si la pareja opinará lo mismo…).

No hay fórmulas mágicas, elixires de amor que sean infalibles para lograr el objetivo de la felicidad en la pareja puesto que gran parte de esa felicidad radica en el bienestar con uno/a mismo/a y no en volcar en el otro la responsabilidad de sacarnos de nuestras zonas grises.

Aclarado este término, sí es cierto que hay determinados parámetros que son más que recomendables para que una relación “nos sume”, nos haga crecer, y hasta nos multiplique exponencialmente!! La idea de tener una pareja debería partir de la base de que siendo una elección y no una obligación, esa relación, esa persona, debería aportarnos en positivo y no restarnos o dejarnos como estamos (y del mismo modo, y retomando la idea comentada arriba, no pretender que esa persona compense, si yo estoy “en negativo”) ¿Cómo conseguirlo? Veamos algunas pistas inspiradas en las que nos da Joan Garriga en su libro “El buen amor en la pareja”:

  1. La relación debe ser fácil, debe fluir sin demasiado esfuerzo. Cuando una relación se convierte en un esfuerzo titánico, es difícil que nos sume. Hay una expresión bastante habitual en mi consulta que no por recurrente ha dejado de resultarme curiosa: “Es que cuando estamos bien, estamos muy bien”. La propia expresión de esta frase marca la excepción, cuando lo “normal” debería ser estar bien y que sólo ocasionalmente esta norma se rompiese. Si tenemos que definir nuestra relación con esta máxima… es que algo no funciona. Cuando fluye una relación nos sentimos grandes y hacemos que la otra persona también lo sienta. No esperamos que el otro/a cambie para convertirse en nuestro ideal, en nuestro príncipe (o princesa) azul, sino que, básicamente, tal cual está, “la cosa funciona”.
  2. Que los miembros de la pareja no tengan naturalezas demasiado incompatibles, no sean demasiados diferentes. A veces el enamoramiento anula nuestro “espíritu crítico”, nos lleva a una incapacidad real para valorar si la otra persona encaja con nuestro modelo de entender la vida, el futuro, nuestras expectativas, nuestra realidad cultural y social… Esto no significa que las diferencias no puedan salvarse, lo que supone es que habrá que aceptarlas y afrontarlas. No vale pasarlas por alto, o decir “no importa” porque a la larga (cuando la fase de enamoramiento deje que vuelva a aparecer nuestro espíritu crítico) estas diferencias irán haciéndose más patentes y con toda seguridad serán motivo de desencuentro.
  3. Que los miembros de la pareja sean verdaderos compañeros, que sean amigos. Sentir que el otro nos entiende y viceversa. De este modo, la pareja es una relación de acompañamiento hacia un objetivo común, donde cada uno hará su camino, a su modo, con sus peculiaridades, pero sabiendo que la otra persona es un refugio para sentirse comprendido y querido.
  4. Que exista confianza en el otro. Es decir, tener la certeza de que la pareja quiere nuestro bien y no nos va a dañar. No hablamos de una confianza basada en el control, donde se exija sinceridad o infalibilidad absoluta. Hablamos de la convicción de saber que no es necesario protegerse del otro, que no nos va a hacer daño con reproches, malas caras o acciones agresivas. Es saber que el otro/a conoce tus debilidades mejor que nadie, pero no las usará. Es tener la “kriptonita” del otro/a y no usarla nunca.
  5. Que exista el deseo espontáneo de que el otro también esté bien, por encima de nuestros miedos o carencias. Para mí, sin duda es el más complicado de conseguir, porque implica una profunda generosidad. A veces coartamos libertades personales de nuestra pareja para manejar nuestras propias inseguridades. A veces, incluso, querer a alguien puede significar dejar que se vaya de nuestro lado, aunque nos duela.

 

Tranquilos/as!! no os echéis las manos a la cabeza si no cumplís todo esto en vuestra relación. Estos son, por decirlo de algún modo, los “criterios de excelencia”, aunque sin duda pueden darnos pistas sobre si algo “cojea” en nuestra relación (especialmente si no cumplimos más que una o dos de las condiciones…). En próximos artículos profundizaremos algo más sobre este tema, y por supuesto, no dejéis de hacernos llegar vuestras opiniones al respecto!

Rebeca Lajos Rañó
Psicóloga Sexóloga en Aidé

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