After-sex: ¿que hacemos después de hacerlo? | aidepsicologia
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After-sex: ¿que hacemos después de hacerlo?

Quizás la respuesta tópica y típica que se nos viene a la mente sea: “fumarse un cigarro”. Es una opción, aunque no precisamente saludable. Y es posible que, como dice el chiste, entre “polvo y polvo” alguno/a saturará sus pulmones con varios cartones.

No es por romper la magia del humeante instante, pero en ese momento “post-coitum” (o post-relación no necesariamente coital), con los pulmones abiertos y el sistema circulatorio a pleno rendimiento, la salubridad de este acto es más que cuestionable… ¿Qué hacer entonces? Veamos algunas sugerencias:

  • Dormir: el orgasmo, además de placentero, hace que nuestro sistema nervioso se riegue de endorfinas, hormonas que entre otras lindezas, nos calman, relajan y dan sopor. Si a esto le unimos el cansancio físico propio de la actividad sexual, tenemos un coctel maravilloso para caer en brazos de Morfeo. Algunas mujeres se quejan de esta actitud en sus parejas masculinas, sintiéndose desatendidas o poco apegadas. ¡¡Que no cunda el pánico!!. La somnolencia no tiene nada que ver con el desinterés (a no a priori…): es fruto de una reacción fisiológica a un determinado esfuerzo realizado en unas condiciones especiales, bajo la influencia de ciertas hormonas y opiáceos endógenos segregados durante el orgasmo.
  • Hablar: si el estereotipo masculino va acompañado de ronquidos, el femenino lo hace de la mano de la “lengua”, y no como músculo, sino como forma de lenguaje. Abrazarse a la pareja y hablar tiernamente después del coito es un comportamiento que suele atribuirse más a las mujeres. El por qué habría que buscarlo en cada caso particular, pero probablemente tenga que ver con que para muchas personas el acto sexual es un momento que favorece la intimidad, el sentimiento de vínculo, de acercamiento y de conexión con el otro/a, y por lo tanto, un momento de oro para la comunicación. Ello, unido al factor de relajación y placer de la relación, nos dan un momento perfecto para la interacción verbal (siempre y cuando la pareja sexual no se haya dormido, claro!…)
  • Tener una nueva relación sexual: tranquilos/as!! No se trata de una peli porno o de emular a “famosotes”, sino de ver más allá del coito. Una relación sexual es toda aquella que nos permita sentir/dar placer a través de nuestro cuerpo. Nuestra “cultura” sexual (todavía muy influenciada por estereotipos genitalizados y machistas, por más que nos pese…) nos enseña que la verdadera relación sexual y la relación “completa” es el coito, pero esto es una gran falacia. Siguiendo la definición anteriormente mencionada una relación sexual va desde un beso, una caricia, un abrazo, hasta el coito, pasando por la masturbación, el sexo oral y todo aquello que se nos pueda ocurrir que tenga como misión ser fuente de placer y utilizar nuestro hermoso cuerpo como instrumento. Con todo este abanico de posibilidades, ¿por qué no hacer el amor una y otra vez?
  • Ducha o baño: una relación sexual además de ser muy placentera, nos empapa de fluidos… Una buena ducha conjunta o un baño pueden ser una gran alternativa para el aseo así como para prolongar ese momento íntimo y de comunicación…. Y quien sabe si para excitarse de nuevo!!
  • Recuperar fuerzas: una actividad sexual implica un desgaste físico importante, así que puede ser un buen momento para reponer energías. Una ensalada, una macedonia de frutas, unos zumos naturales, pueden ser una gran opción como reconstituyentes. Además, son frescos y ligeros lo que en estas condiciones hace que “entren” mejor que una fabada de la abuela… Nos ayudan a reponer las sales minerales, los líquidos y los azúcares consumidos durante la actividad sexual; y si les damos un toque de “erotismo” nos pueden servir como estimulantes de cara a un nuevo encuentro… ummmm…
  • Leer: La lectura de un cuento puede ser una alternativa según la tesis del profesor de la Universidad de Sevilla José Carlos Carmona, que ha publicado un libro precisamente titulado “Cuentos para después de hacer el amor”. Estos cuentos pueden ser una alternativa para las personas que “cuando terminan de hacer el amor no saben qué decir, se ponen nerviosos y tienen que encender un cigarro”, según confiesa su autor.

Quizás la respuesta tópica y típica que se nos viene a la mente sea: “fumarse un cigarro”. Es una opción, aunque no precisamente saludable. Y es posible que, como dice el chiste, entre “polvo y polvo” alguno/a saturará sus pulmones con varios cartones.

No es por romper la magia del humeante instante, pero en ese momento “post-coitum” (o post-relación no necesariamente coital), con los pulmones abiertos y el sistema circulatorio a pleno rendimiento, la salubridad de este acto es más que cuestionable… ¿Qué hacer entonces? Veamos algunas sugerencias:

  • Dormir: el orgasmo, además de placentero, hace que nuestro sistema nervioso se riegue de endorfinas, hormonas que entre otras lindezas, nos calman, relajan y dan sopor. Si a esto le unimos el cansancio físico propio de la actividad sexual, tenemos un coctel maravilloso para caer en brazos de Morfeo. Algunas mujeres se quejan de esta actitud en sus parejas masculinas, sintiéndose desatendidas o poco apegadas. ¡¡Que no cunda el pánico!!. La somnolencia no tiene nada que ver con el desinterés (a no a priori…): es fruto de una reacción fisiológica a un determinado esfuerzo realizado en unas condiciones especiales, bajo la influencia de ciertas hormonas y opiáceos endógenos segregados durante el orgasmo.
  • Hablar: si el estereotipo masculino va acompañado de ronquidos, el femenino lo hace de la mano de la “lengua”, y no como músculo, sino como forma de lenguaje. Abrazarse a la pareja y hablar tiernamente después del coito es un comportamiento que suele atribuirse más a las mujeres. El por qué habría que buscarlo en cada caso particular, pero probablemente tenga que ver con que para muchas personas el acto sexual es un momento que favorece la intimidad, el sentimiento de vínculo, de acercamiento y de conexión con el otro/a, y por lo tanto, un momento de oro para la comunicación. Ello, unido al factor de relajación y placer de la relación, nos dan un momento perfecto para la interacción verbal (siempre y cuando la pareja sexual no se haya dormido, claro!…)
  • Tener una nueva relación sexual: tranquilos/as!! No se trata de una peli porno o de emular a “famosotes”, sino de ver más allá del coito. Una relación sexual es toda aquella que nos permita sentir/dar placer a través de nuestro cuerpo. Nuestra “cultura” sexual (todavía muy influenciada por estereotipos genitalizados y machistas, por más que nos pese…) nos enseña que la verdadera relación sexual y la relación “completa” es el coito, pero esto es una gran falacia. Siguiendo la definición anteriormente mencionada una relación sexual va desde un beso, una caricia, un abrazo, hasta el coito, pasando por la masturbación, el sexo oral y todo aquello que se nos pueda ocurrir que tenga como misión ser fuente de placer y utilizar nuestro hermoso cuerpo como instrumento. Con todo este abanico de posibilidades, ¿por qué no hacer el amor una y otra vez?
  • Ducha o baño: una relación sexual además de ser muy placentera, nos empapa de fluidos… Una buena ducha conjunta o un baño pueden ser una gran alternativa para el aseo así como para prolongar ese momento íntimo y de comunicación…. Y quien sabe si para excitarse de nuevo!!
  • Recuperar fuerzas: una actividad sexual implica un desgaste físico importante, así que puede ser un buen momento para reponer energías. Una ensalada, una macedonia de frutas, unos zumos naturales, pueden ser una gran opción como reconstituyentes. Además, son frescos y ligeros lo que en estas condiciones hace que “entren” mejor que una fabada de la abuela… Nos ayudan a reponer las sales minerales, los líquidos y los azúcares consumidos durante la actividad sexual; y si les damos un toque de “erotismo” nos pueden servir como estimulantes de cara a un nuevo encuentro… ummmm…
  • Leer: La lectura de un cuento puede ser una alternativa según la tesis del profesor de la Universidad de Sevilla José Carlos Carmona, que ha publicado un libro precisamente titulado “Cuentos para después de hacer el amor”. Estos cuentos pueden ser una alternativa para las personas que “cuando terminan de hacer el amor no saben qué decir, se ponen nerviosos y tienen que encender un cigarro”, según confiesa su autor.
  • ¡¡¡Atención!!!: tan importante como saber qué hacer (hasta en los “rolletes de una noche”, debemos de cuidar las formas…), es saber qué no hacer. Veamos algunas cosillas que debemos tener en cuenta:
  • No comparar relaciones: esto no es un “ranking de mejor polvo” o de “mejor amante”, ni un examen. Estas situaciones solo suelen tener consecuencias desfavorables.
  • Darle “el culo”: vale que sintamos somnolencia y nos apetezca dormir, pero esta actitud suele ser interpretada como un rechazo. Mantener el contacto corporal suele ser muy agradable (hacer “la cucharita”), aunque sea para dormir.
  • Levantarnos e irnos rápidamente: Algunos/as lo hacen para asearse de forma inmediata y otros/as como “huida”. Tanto en un caso como en otro, la percepción de el/la que se queda en la cama no suele ser demasiado positiva (“¿qué pasa?, ¿no le ha gustado?, ¿ya ha cumplido y se va?”…). Si queremos quedar bien con nuestro/a compañero/a de cama, una breve explicación de a dónde vamos o una notita puede ser un recurso muy socorrido (incluso cuando la idea sea no volver a repetir).

 

Como sabéis, hay un montón de posibilidades interesantes tanto antes como para el durante, en las relaciones sexuales, pero también se puede ser creativo en el después. Es cuestión de echarle ganas y un poquito de imaginación. Así que, os invitamos a que seáis creativos/as y disfrutéis de vuestra sexualidad, una capacidad que todos y todas tenemos y que puede ser fuente de grandes satisfacciones.

REBECA LAJOS RAÑÓ
Psicóloga-Sexóloga

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